En Pamplona, todos los meses de julio, del 6 al 14, palabra “fiesta” se escribe con mayúsculas en Pamplona. Llegan los Sanfermines. Cuando el “chupinazo” estalla, la capital se transforma en una explosión de vida. Miles de personas de todo el mundo inundan esta ciudad que se tiñe de blanco y rojo. La calle se convierte durante unos días en un derroche de fraternidad, fiesta, alegría, música y juerga ininterrumpida al compás de las charangas y las peñas. Una de las mejores opciones para llegar a Pamplona es alquilar un coche en el aeropuerto para tener movilidad y poder disfrutar de los encantos de Navarra una vez pasados estos días de fiesta.
El Encierro es el único momento del día en el que la fiesta se contiene y la tensión invade el recorrido minutos antes de que los toros inicien su carrera tras los mozos. Un estallido de sensaciones culmina en la Plaza de Toros. La fiesta continúa con el “caldico”, el chocolate con churros, los Gigantes y Cabezudos, el aperitivo, la corrida de toros o los fuegos artificiales, que dan paso a la algarabía nocturna.
Los torosY tras la fiesta… llega la calma. Después de conocer estas universales fiestas que Ernest Heminway se encargó de popularizar por todo el mundo, qué mejor manera de disfrutar de ese merecido descanso que acercándose a alguna de las zonas más acogedoras de la geografía navarra. Relájese en los verdes Pirineos navarros, pasee por los frondosos bosques de robles y hayas o báñese en el río. Si lo prefiere, acérquese al sur para disfrutar del calor de sus gentes, de los platos de la huerta del Ebro y de las llanuras bajo un sol radiante.
